jueves, 30 de diciembre de 2010

Y David, venció a Goliat.

Por José Manuel Beltrán



¡Hola yayo!, ¡Hola yaya!, ¡Hola papá y mamá!. ¡Ya estoy aquí!, ¿lo veis?. Jajaja… os he dado un poco de guerra, ¿verdad?. Pues lo siento mucho. Ya sé que a mamá le han tenido que hacer una rajita para que yo saliese a este mundo. Ella se ha quedado descansando un poco mientras a mí, me limpiaban todo mi cuerpecito para estar guapo. Es mi primera presentación en sociedad y ¡aquí me tenéis!. Dicen que he salido un poco gordito, cuatro kilos y 10 gramos, pero ¡oye!, que yo a vosotros os veo mucho más gordos. ¡Ahhh!, una señora me ha estirado todas mis tiernas piernas y he escuchado que decía: Anota, 525. ¿Eso quiere decir que soy grande? Por cierto, aquí hacéis mucho ruido y, además, desde que me han subido a una habitación que dicen que se llama: nido -¿papá, no seré un pajarillo, verdad?- no paro de escuchar frases como: cuchicuchicuchi, ajooooo, pero que cosa bonita, prupruprupru y demás gestos con vuestra cara y con vuestra boca que, la verdad sea dicha, os hace estar más feos de lo normal. Es que parece que me estáis tratando como a un niño pequeño. Porque no me habláis normal, eso sí en voz más bajita porque aquí fuera hacéis mucho ruido. En la tripita de mamá no se sentía tanto ruido. ¡Bueno, me acostumbraré, qué remedio!.


Me han pinchado en los pies, ¡uyyyy, me ha dolido!, y por eso me he puesto a llorar un poquito. Veo a papá que no para de moverse. Supongo que será la alegría nerviosa de verme por fin aquí. ¡Ayyy papá, no sabes lo que te espera!. Veo al yayo que hincha su cuerpo como si se sintiese orgulloso (pues sí yayo, soy yo, tu nieto David. A ese que ya has empezado a llamar Goliat). Veo a la yaya con una mirada tierna, dulce. Me gusta mucho. Me coge con mucha ternura, al igual que lo hizo mamá cuando, por primera vez y en esa habitación un tanto fría, me colocaron encima de su cuerpo presentándomela. ¡Que guapa eres, mamá!.


Me gusta veros a todos felices. Me gusta cuando papá me está cambiando los pañales, me poner una cremita en mi culito y yo…… jajajaja, en recompensa, he estirado una piececita pequeña que está entre mis piernas y……. ha salido un líquido que ha mojado a papá. Mi mamá se ha reído y yo….. también. No sé si papá querrá probar la siguiente vez pero a mí no me importaría.


Bueno, que me voy a dormir, aunque la verdad es que tengo hambre. Papá ha cogido mi cuerpecito, creo que un poco torpemente aunque enseguida alguien le ha dicho una mejor postura, y me dado un líquido dulce que salía de una tetilla de plástico. Me ha gustado….. síiii, lástima que mamá no pueda hacerlo desde la de verdad. Pero no me importa, me lo he bebido todo.


Mamá, papá, yayo, yaya, gracias por estar aquí conmigo en mi primera presentación en sociedad. Gracias por ayudarme, gracias por hacerme fuerte para que, si en algún momento aparece alguien con malas intenciones, yo le pueda decir: ¡Cuidado, acuérdate que David venció a Goliat!.


PD.- Esta criaturita, que como veis no para de hablar, nos ha dado este pasado 29 de diciembre a las 21,40 horas del día de San David (curioso el nombre estaba elegido de antemano), el gordo de la lotería, el de verdad, porque la otra ni nos ha tocado, ni hacía falta. Un beso enorme, ciudadano David. Para ti, especialmente, mucha salud.

Para vosotros también, y para el ciudadano yayo un baberito.


miércoles, 29 de diciembre de 2010

Ni lo veo ni lo toco, lo siento


Por José Manuel Beltrán

     Me quedan muy pocas horas, no os preocupéis. Ya sé que la máquina no para de emitir unos sonidos a los que no estáis acostumbrados. Por otro lado, lo importante es que son armoniosos y acompasados. De vez en cuando, el monitor de esa misma máquina muestra unos guarismos que varían desde el número 4 ó 5 hasta alcanzar, poco a poco, unos máximos de 120. Esta secuencia se repite cada vez con más frecuencia y creo que yo soy, en parte, el culpable de la misma. Me fastidia que alguien pueda estar sufriendo por mi culpa pero realmente no me queda más remedio. Quiero demostraros que estoy aquí, a vuestro lado, aunque todavía no pueda veros ni tocaros. Pero, tiempo al tiempo, que esta espera os será bien recompensada.

Me imagino vuestras caras. De felicidad adelantada, de nerviosismo, de espera impaciente. Solo hay una cara que se muestra diferente a los demás: más compungida, un poco ojerosa, consecuencia de no haber dormido bien esta noche –mejor dicho, de no haber dormido casi nada- pero, eso no me importa. Tiempo tendré después de solazarme con ella; de buscar otras partes de su cuerpo que seguiré sintiendo como el mío.

Las horas pasan, para vosotros muy lentamente. La verdad es que, aquí dentro, yo me encuentro muy bien. Tengo ganas de veros, tengo ganas de tocaros pero, mientras tanto os repito, no os preocupéis: ya os siento.

P.D.- Así acaba la carta que acabo de recibir, por no sé qué extraño medio de envío (el corazón) de mi tercer nieto, David será su nombre. Está a punto de nacer y será una alegría tremenda verlo y tocarlo aunque, mientras tanto, como él muy bien dice: de momento yo también le siento.
Dedicado a mi hija Amaya y a mi nieto David.

jueves, 23 de diciembre de 2010

¡ Feliz Navidad !, ciudadanos


Con los mejores deseos de felicidad para todos y especialmente para los seguidores, comentaristas y lectores de este humilde blog. Recuerda: la felicidad empieza por tí mismo, entonces ¿ a qué esperas para disfrutarla ?

FELIZ NAVIDAD, CIUDADANOS

martes, 7 de diciembre de 2010

Plebeyos en la corte


Por José Manuel Beltrán
Ya hace algún tiempo, y no recuerdo exactamente cuando, manifesté que sin ser uno de mis procederes habituales, de vez en cuando echaba un vistazo a eso que denominan revistas del corazón. En ocasiones, reconozco, hasta las he comprado; generalmente para satisfacer la curiosidad de mi suegra, lo que da lugar durante un largo rato a comentarios de todo tipo.
No me quiero escudar más en ella, así que voy directamente al grano. El color de la sangre, esa que utópicamente denominan “sangre azul”, está paulatinamente modificando su tono al de su color natural: el rojizo. No te preocupes querido lector no me refiero a la tuya sino más bien a la de las/los consortes de los futuros soberanos europeos.