
Esto es lo que tiene el Bloguecedario, que se pueden mezclar churras con meninas. Este relato breve fue publicado el pasado sábado, 26 de diciembre. Como siempre nos proponen una frase y cada uno escribe algo en relación a la misma ¿ o no?. La frase era: Blanca Navidad. Mi título, ya lo véis, el adecuado..... bueno vosotros mismos.
Por José Manuel Beltrán
Esperaba a la noche para que se hiciesen cumplir todos sus presagios. La confabulación de los vientos provenientes de distintas direcciones provocaba, ya desde hace días, que las nubes grisáceas chocasen entre sí para -después de un estruendoso ruido- emanar líquido con una fuerza descontrolada.
No había podido –pues siempre se asombraba que unos seres tan débiles pudiesen demostrar tanta fuerza unidos en familia- debilitar la ingente alegría demostrada por todos sus miembros. Cantaban, reían, se besaban y abrazaban, bailaban y –donde él creía que podría encontrar hueco a la debilidad- también bebían. Pero no fue así. La velada, acompañada en el exterior de truenos y relámpagos, transcurrió tal y como a la anfitriona le gustaba. Todos los miembros de la familia –bueno, no todos, pues también es en estas fechas cuando la añoranza revuelve nuestro corazón para dejar caer una lágrima por los no presentes-, todos los miembros disfrutaban de unos manjares que llevaban depositados todo el amor por parte de la principal cocinera.
Lucifer contemplaba la escena, aparcado en un rincón, esperando la mínima oportunidad. Le quedaba poco tiempo para conseguirlo o, por lo menos, de eso se mostraba seguro. Llegó la hora y de nuevo su frustración se evidenció. Todos juntos, incluida la abuela de ya avanzada edad, se encaminaron hacia la Iglesia. La lluvia seguía sin arreciar y si cabe el único propósito que podía conseguir era que, a cada paso que daban, fuese más abundante.
Llegaron totalmente empapados al templo. Desde veinte minutos antes de las doce casi todos los asientos se encontraban ocupados. Se hicieron un hueco depositando los paraguas sobre el suelo, procurando no mojar la tabla donde posteriormente utilizarían para mostrarse de hinojos. No pudiendo resistir tal escena, Lucifer salió del templo. Él, portador de la luz, se veía incapaz de detener la riada de gente que acudía allí –a esas horas intempestivas- a celebrar como todos los años la llegada de alguien.
La ceremonia transcurría tal y como el guión señalaba. La música procedente del viejo órgano era acompañada con cánticos –a modo de villancicos- por una coral. Desde un pequeño púlpito unas lecturas, en varios idiomas, recordaban viejas leyendas. Transcurrieron unos minutos y un hombre, con desgarbada figura, hizo entrada en el templo. Se acomodó en uno de los bancos, en postura nada acorde a la utilizada por el resto. Cuando de levantarse se trataba –según las reglas del acto- el personaje aprovechaba para tumbarse en las bancadas vacías. En el más estricto silencio, él alzaba su voz y sus bostezos.
No tardó en darse por vencido. Una voz a sus espaldas le recordó que había sido reconocido. Le invitó a cambiar el rojo de su luz por la luminosidad del blanco. Con gesto soez desatendió la invitación y, vencido por la fuerza de los presentes, abandonó el templo sabedor que debería encontrar otros momentos para sacar partido de sus deseos.
La fiesta no acabó a la finalización de la Misa del Gallo. Cada uno de los allí reunidos retornó a sus hogares –muchos de ellos al mismo del que poco antes habían salido- para, continuar con una fiesta familiar que pocas veces en el año es posible llevar a cabo. Esta vez, mirando a la esquina del salón, no se pudo encontrar la figura de Lucifer.
Por José Manuel Beltrán
Esperaba a la noche para que se hiciesen cumplir todos sus presagios. La confabulación de los vientos provenientes de distintas direcciones provocaba, ya desde hace días, que las nubes grisáceas chocasen entre sí para -después de un estruendoso ruido- emanar líquido con una fuerza descontrolada.
No había podido –pues siempre se asombraba que unos seres tan débiles pudiesen demostrar tanta fuerza unidos en familia- debilitar la ingente alegría demostrada por todos sus miembros. Cantaban, reían, se besaban y abrazaban, bailaban y –donde él creía que podría encontrar hueco a la debilidad- también bebían. Pero no fue así. La velada, acompañada en el exterior de truenos y relámpagos, transcurrió tal y como a la anfitriona le gustaba. Todos los miembros de la familia –bueno, no todos, pues también es en estas fechas cuando la añoranza revuelve nuestro corazón para dejar caer una lágrima por los no presentes-, todos los miembros disfrutaban de unos manjares que llevaban depositados todo el amor por parte de la principal cocinera.
Lucifer contemplaba la escena, aparcado en un rincón, esperando la mínima oportunidad. Le quedaba poco tiempo para conseguirlo o, por lo menos, de eso se mostraba seguro. Llegó la hora y de nuevo su frustración se evidenció. Todos juntos, incluida la abuela de ya avanzada edad, se encaminaron hacia la Iglesia. La lluvia seguía sin arreciar y si cabe el único propósito que podía conseguir era que, a cada paso que daban, fuese más abundante.
Llegaron totalmente empapados al templo. Desde veinte minutos antes de las doce casi todos los asientos se encontraban ocupados. Se hicieron un hueco depositando los paraguas sobre el suelo, procurando no mojar la tabla donde posteriormente utilizarían para mostrarse de hinojos. No pudiendo resistir tal escena, Lucifer salió del templo. Él, portador de la luz, se veía incapaz de detener la riada de gente que acudía allí –a esas horas intempestivas- a celebrar como todos los años la llegada de alguien.
La ceremonia transcurría tal y como el guión señalaba. La música procedente del viejo órgano era acompañada con cánticos –a modo de villancicos- por una coral. Desde un pequeño púlpito unas lecturas, en varios idiomas, recordaban viejas leyendas. Transcurrieron unos minutos y un hombre, con desgarbada figura, hizo entrada en el templo. Se acomodó en uno de los bancos, en postura nada acorde a la utilizada por el resto. Cuando de levantarse se trataba –según las reglas del acto- el personaje aprovechaba para tumbarse en las bancadas vacías. En el más estricto silencio, él alzaba su voz y sus bostezos.
No tardó en darse por vencido. Una voz a sus espaldas le recordó que había sido reconocido. Le invitó a cambiar el rojo de su luz por la luminosidad del blanco. Con gesto soez desatendió la invitación y, vencido por la fuerza de los presentes, abandonó el templo sabedor que debería encontrar otros momentos para sacar partido de sus deseos.
La fiesta no acabó a la finalización de la Misa del Gallo. Cada uno de los allí reunidos retornó a sus hogares –muchos de ellos al mismo del que poco antes habían salido- para, continuar con una fiesta familiar que pocas veces en el año es posible llevar a cabo. Esta vez, mirando a la esquina del salón, no se pudo encontrar la figura de Lucifer.
Hola, Jose Manuel. He vuelto, tras la pausa de las vacaciones de Navidad. Y sigo disfrutando con la lectura de tus posts. Gracias por darme el placer de tu lectura.
ResponderEliminarUn rampyabrazo, ciudadano
Jo, que aburrida es la iglesia. Con razón hasta Lúcifer se las piró.
ResponderEliminarA quién se le ocurre soltar a Lucifer en una iglesia , si eso es como un pecado mortal , el bien y el mal juntos .
ResponderEliminarUn abrazo de MA .
Otro año que Lucifer pierde la batalla ese día, no?
ResponderEliminarDebe ser el único día que le queda por ganar...
Bueno, bueno, no vayamos a ser tan pesimistas, joé.
:)
Genial, José Manuel. Me ha encantado. Es que lo cuentas tan rebien... Ofú!
Muchos besos, Ciudadano!!
Menos mal que yo no voy a la misa del gallo, que si voy y me encuentro allí a lucifer, me dá algo. Feliz año ciudadano. Un beso
ResponderEliminarHOla ciudadano del mundo...
ResponderEliminarCreo que recordar que me llevaron a una misa del gallo cuando era niña... nunca más he vuelto, tengo mis creencias, pero no en los curas..
Cuando quieras pasa por aquí y te daré roscón para que lo pruebes y si te gusta, puedes comer todo lo que quieras..
Bellos sueños, 2010 y Reyes...
Yo cuando estaba en el colegio fui a misa del gallo..pero ahora que ya soy una mujer libre no monjas ni curas..Pues ya no voy a misa.
ResponderEliminarUn abrazo!!
De niña canté en un coro en la misa del gallo y en ingles jajajajaja. Todavia me acuerdo con aprensión y sofoco. Lo de Lucifer y tal, bueno, cada uno es libre de elegir en que creer y como. Te he deseado ya Feliz Año?, Por si acaso, ya sabes: Que seas muy feliz
ResponderEliminarTremenda imaginación con la que empezaste el año… Esto tiene muy buenos augurios.
ResponderEliminarEl mejor de mis deseos para ti este nuevo año.
Hola, ciudadano, se ve que este año vas a estar muy inspirado, el relato que cuentas en tu entrada es sobrecogedor, pero precioso.
ResponderEliminarLucifer nunca podrá vencer nuestra fé, aunque no vayamos a misa, ni a la del Gallo, porque somos fuertes ante él, y nunca podrá con nosotros, ni con nuestras convicciones.
Ya veo que aún te ves en el espejo como un niño, será cuando miras a tu nieto, lo mirarás con ojos de "cordero degollao", y seguro que se te caerá la baba, eso me masa a mí también con los mios.
Que los Reyes te traigan muchos regalitos, a tu mujer también. Sé generoso, que ella se lo merece ¿no crees?.
Un besazo de esta ciudadana, que aún no ha podido conocerte personalmente.
Como en los mejores cuentos, el mal siempre es derrotado. un abrazo
ResponderEliminar¡Una preciosidad!!!!
ResponderEliminarMe ha encantado...
Feliz día de Reyes, ciudadano, feliz 2010..
Un abrazote grandote.
Gizz
Estoy deseando leer esta entrada. El título es de lo más atrayente. Puedo imaginar a Lucife en la misa del Gallo...Pero por el momento, vengo a desearte feliz noche de reyes. En mi blog también te la he deseado.
ResponderEliminarEspero que los Reyes Magos me traigan un poco de tiempo para poder leerte pronto.
Un beso
La verdad es que me alegra leer un cuento tan optimista. Me alegra el ímpetu con el que nos haces llegar la unión familiar como algo realmente fuerte. Me alegra recordar que un montón de corazones unidos pueden neutralizar el mal. Y me alegra leerte en este recién estrenado 2010.
ResponderEliminarBesos y abrazos.
Hola media luna,
ResponderEliminarLa verdad, has cogido perfectamente el espíritu del artículo y te agradezco esa catalogación de optimista, pues yo creo que es así.
A veces creo que enreveso demasiado el texto confundiendo al lector pero, es obvio, que no es tu caso.
Un besazo ciudadana
El bien siempre vence al mal, y más en la iglesia. Que bonita historia.
ResponderEliminar¡Feliz año!
Maru