Por José Manuel Beltrán.
Inmediatamente después de terminar el visionado de Utopía, el excelente documental de Lucho Iglesias y Álex Ruiz que nos muestra que otro estilo de vida es posible, a uno le entran ganas de no despertar de ese sueño; de ponerse a la acción –que ojalá fuese coincidente con muchas más personas- y de sentirse vivo, de verdad.
Utopía
es una palabra que, sin necesidad de ser pronunciada, destila belleza por sí
misma. Pero la palabra en sí, como casi todas, queda hueca si no existe un real
y verdadero contenido en ella. Ese contenido sólo lo podemos dar nosotros: las
personas, los ciudadanos.
La
cuestión que me planteo es ¿qué es lo que podemos hacer todos nosotros para dar
contenido a esa utopía? ¿de qué forma puedo yo ayudar? Me he permitido
consultar el R.A.E. para recordar el significado de la hermosa palabra y me
dice: “Plan, proyecto, doctrina o sistema
optimista que parece irrealizable en el momento de su formulación”
Imaginémonos,
aunque solo sea de forma utópica, que hemos podido conseguir todos esos planes;
todos esos proyectos y doctrinas y, en consecuencia, haber alcanzado ese
sistema ideal. De ser así desaparecerían, por no ser necesarios, ciertos
conceptos que conforman parte intrínseca de nuestra vida: Justicia, Libertad,
Paz, Amor, Felicidad… ¿Acaso ya nos serían necesarios al haber alcanzado esa UTOPÍA? ... Es decir, ¿no estaríamos en
el estado perfecto?.
Sin embargo, seamos realistas: somos humanos; somos imperfectos.
Necesitamos
alimentar nuestros sueños -aunque muchas veces sea para satisfacer nuestro
propio ego-. Debemos de proveernos de mucho esfuerzo -pues no todos tenemos las
mismas capacidades- para confluir en ese estado idílico.
La
utopía se lucha, se consigue con la generosidad hacia los demás, dejando a un
lado en muchas ocasiones tu comodidad y
tus intereses para que, al final del viaje, pueda ser disfrutada por muchos
más.
No sé si es un lema un tanto utópico, aunque yo todos los días me esfuerzo cada vez más en conseguirlo. Lo que si sé es que, a través de cada una de mis experiencias viajeras, he logrado comprobar que lo que parece utópico para nuestra ciudad no lo es para otras. Y me explico.
He
disfrutado de paseos por el Stanley Park, en Vancouver, en el que el respeto de
los ciudadanos hacia la naturaleza y su entorno es envidiable. También hacia el
resto de las personas, y así queda reflejado en la multitud de tótem, paneles
informativos y exposiciones que dentro del parque nos explican quienes eran los
aborígenes y verdaderos propietarios de aquellas tierras: los First Nations, como ellos los llaman.
He
callejeado por las calles de Berlín, Copenhague y Amsterdam (también por otras
muchas) circulando montado en una bicicleta. Sí, claro, debía pararse ante los
semáforos de sus específicos carriles bici, por supuesto. También lo he hecho
como peatón, siendo respetado y haciéndome respetar.

de
un lago limpio, cuidado y respetado.
He disfrutado de espectáculos callejeros al aire libre -muchos de ellos propiciados por simples ciudadanos- en el Central Park de Nueva York. A mi lado, ejecutivos con un sándwich y un horroroso café en la mano; jóvenes, y no tanto, con una sudada camiseta de basket de los Knicks, y mayores ocupando su ocio. Lo he hecho también en China, en el Parque a la entrada del Templo del Cielo, practicando Tai-Chi, junto con personas, muchas de ellas de avanzada edad, y entablado hasta una partida de ajedrez.
Me
he tomado un excelente capuchino sentado en una de las terrazas de la Gran
Plaza de Venecia; también en la Plaza Mayor de Salamanca y en la de
Madrid. Todas ellas, emblemáticas en
cada ciudad, como también lo es nuestra querida Plaza de los Naranjos. He
disfrutado de las vistas de su arquitectura y de su ambiente. Sin
atosigamientos de mesas y sillas, sin sombrillas que te impiden ver la belleza
de la plaza; sin olores y platos portados, en un ir y venir constante, por
camareros.
En
Seattle, he quedado gratamente sorprendido como las personas podían utilizar
pequeños parques debidamente vallados y preparados para sus mascotas; todo ello
en pleno centro de la ciudad o en cualesquiera de sus barrios.
He valorado, más allá del aspecto turístico, el sistema de transporte en San Francisco; en Seattle, en Viena.... y también como se utilizan y conservan las bibliotecas públicas…
Como
podéis apreciar -si dais por ciertas mis palabras y que en ningún caso lo son
para presumir de nada-; todos los anteriores ejemplos son … realidades. Son
planes, proyectos y sistemas conseguidos en cada una de las ciudades citadas, y
muchas más que me dejo. Lo lamentable es que, de regreso a casa, ya en Marbella,
todo eso se convierte en Utopía.
Y de nuevo regreso a la pregunta inicial: ¿qué podemos hacer?. ¿qué puedo hacer yo para dar contenido a esa hermosa palabra?: Utopía.
Se me ocurre… aunar esfuerzos; apoyar, exigir, trabajar, proponer, reivindicar y… algo fundamental: EDUCAR. Es necesario recordar que, en todo momento de nuestra vida, somos educadores (sin paga, eso sí, pero educadores). Eduquemos con nuestros actos a nuestro prójimo y, sobre todo, al más cercano. Eduquemos en familia: a nuestros hijos, a nuestros nietos. Esos pequeños (pues las cosas no se arreglan en un momento) serán quienes estén ahí, en ese momento de clímax, en el que lo utópico se haga realidad.
Elijamos
correctamente, y vigilemos constantemente, a todos aquellos que por su función –pública
o privada- tienen la tarea de desarrollar todos esos planes, todos esos
proyectos. Pero ¡ojo!, no nos quedemos en la complacencia y en la crítica externa.
¡PARTICIPA!
MarbellaActiva y otras muchas asociaciones nos brindan esa oportunidad; ahora ya solo
depende de ti; del nivel al que quieras elevar tu participación. En los malos
momentos, que los habrá, refuerza tu deseo. Acuérdate de John Lennon y tatarea la
bella melodía y la maravillosa letra de Imagine.
Con
cada uno de los ejemplos anteriores he tratado de hacer un repaso alrededor del
mundo, cierto que muy simplista, en
busca del sueño de la Ecología y del Medio Ambiente, de la Planificación Urbanística,
de los diversos Medios de Locomoción, de la Accesibilidad, del Ocio para todas
las personas, de la Cultura y del Deporte, de la conservación y exposición de
nuestro Patrimonio, del respeto por el mundo animal… y del respeto hacia y de los
Ciudadanos. Sé que me he dejado muchas cosas, pero….¡No lo olvides!: LOS
SUEÑOS, NO SON UTÓPICOS, LOS SUEÑOS SE PUEDEN REALIZAR. Y EN MARBELLA, TAMBIÉN.
José Manuel Beltrán
Ciudadano
y blogger de viajes en Parada y fonda de un viajero.
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