martes, 12 de mayo de 2015

La última cena con el Rey.


Presenté este relato al II Concurso de Relatos de Marbella Activa, siendo elegido el mismo entre los diez finalistas. Ya ahora es ocasión de compartirlo con todos vosotros.

Dedicado a mis nietos: Ángel, Martín y David.

por José Manuel Beltrán.

TÍTULO:  LA ÚLTIMA CENA CON EL REY

            La invitación recibida, esta vez de forma verbal, le cogió totalmente por sorpresa. Ni siquiera llegaba a encontrar explicación de cómo él, un simple ciudadano de la localidad, sin ningún mérito especial salvo el bagaje acumulado en la mochila de la vida se podía ver incurso en tal acontecimiento. Aún así, inmediatamente hizo suyo ese halo de gloria que suponía estar entre los elegidos sin mayor empecinamiento que hiciese resaltar su incredulidad. No reparó más en ello. De forma lenta sus párpados acusaron el cansancio de la intensa pero gratificante jornada. Con tan solo cuatro años, un mico –así es como solía llamar de forma cariñosa a su nieto- le dejaba totalmente derrotado cada vez que le visitaba.


            Como suele ser habitual a lo largo de todo el año, la climatología en Marbella invitaba al paseo. El disfrute de la naturaleza, aunado con la interpretación de la arquitectura más representativa de la ciudad, conforma un puzle de no difícil resolución pero escasamente conocido por sus habitantes. Colocar cada una de las piezas en su sitio, y reconocerlas al final de la jornada, no supone especial esfuerzo a no ser ¡claro! que ese mico se empeñe en seguir jugando.

            -Cocó ¿podemos ir a la playa para hacer un castillo? –preguntó el mico a su yayo.

            Cocó era el apelativo con el que, desde que tuvo la más mínima facilidad de palabra, se dirigía a él. Todavía es hoy y nadie de la familia se explica de dónde surgió el vocablo pero, sin duda, ha quedado enraizado y resulta extremadamente curioso para todo aquel que lo escucha.

            -Haremos algo mejor –le respondió el yayo-. Ya sé que a ti te gusta mucho la playa de la arena fina, con su color casi dorado y a veces casi blanco. Las dunas de Artola, o también de Cabopino, es un paraje precioso que, como te repito muchas veces, debemos de conservar y cuidar. ¿Te acuerdas cuantas veces hemos subido y bajado esas pequeñas montañas de arena en busca de plantas raras?

            -Sí, Cocó –respondió el mico. Y además he visto como la arena se movía sola. ¡Bueno, sola no!, tu me dijiste que era el viento que la empujaba.

            -Es verdad –le replicó Cocó. Además, en esa torre tan alta…… ¿tú te acuerdas cuando jugábamos a los Skylanders? Pues en esa torre, que tiene más de 14 metros de altura y que se llama Ladrones, estaban los Musulman Drog vigilando y cuidando de la playa. ¿Quieres que vayamos a descubrir más Skylanders por Marbella?

            -Sí, si quiero, Cocó. ¡Venga, vamos a hacer de exploradores al igual que hacemos con Ángel y Martín!

            En los grandes ojos de esa bella criatura se reflejaba perfectamente la ilusión por la aventura y por la fantasía, que en manos de un niño es muy difícil de superar. No era la primera vez que, junto a sus otros nietos, se lanzaban a descubrir los paisajes de Marbella. Los Cuchipandas, como así se habían autodenominado, habían explorado en lo que era un simple juego los parajes naturales  del Lago de las Tortugas, recogido piñas secas en las faldas de Sierra Blanca, pegado un chapuzón involuntario en el cable esquí de las Medranas o iniciado, en lo que de momento siempre había sido algo fallido en su finalización -por cuestión de la edad en los miembros de la banda- la ascensión a Juanar o al pico de La Concha.

            Cada una de esas excursiones –exploraciones las llamaban ellos- iba acompañada de una historia, cada cual más fantástica, y donde el guión se creaba y moldeaba sobre la marcha. Así nacieron los Skylanders de Marbella; distintos personajes según la época y que moraban en cada uno de los sitios visitados.

Un plácido paseo en bicicleta a lo largo del Paseo Marítimo, con las consabidas paradas para descansar y repostar líquido, les encaminó a San Pedro Alcántara y a Guadalmina. Allí, un nuevo Skylander, llamado Romano Crack, les invitó a enseñarles las Termas Romanas de las Bóvedas.

-¡Mirad, chicos! –comentó Romano Crak. Esto es lo más parecido a vuestras piscinas de ahora. Aunque vosotros os bañáis todos los días en la ducha o la bañera, nosotros lo hacíamos aquí; todos juntos, aunque cada uno –como podéis ver- tenía su pequeña habitación y, además, con agua caliente.

Mayor cara de asombro mostró el pequeño mico cuando Romano Crak llamó por teléfono a otro de sus amigos.

-¡Hola, Río Verde Ninja! Aquí tengo a un mico que quiere ir a ver tu bonita casa. Enséñale, por favor, el precioso dibujo de la medusa.

Tomando las bicicletas de nuevo atravesaron los muelles de Puerto Banús, siempre repleto de embarcaciones, algunas de ellas interesantes. Un poco más allá, y al atravesar un nuevo puente de madera que une ambas orillas de Río Verde, disfrutaron con la visión de patos y aves asentados en la finalización del cauce con el complemento de Sierra Blanca y el pico de La Concha.

-¡Toc, toc! Rio Verde Ninja, ¿podemos pasar? –preguntó el mico David.

-¡Claro que sí, adelante! Bienvenidos a mi casa. Esta es la Villa Romana de Río Verde. Un poco alejada de la gran ciudad, pero es que aquí venimos a descansar. Fijaros en lo bonito de los mosaicos sobre el suelo. Hay dibujados animales, anclas, remos, flores, cuchillos, sartenes y hasta un hornillo o calentador. Por favor, eso sí, caminar por el entarimado.

-Esto es muy bonito, Río Verde Ninja. ¿Y esa cara que hay ahí? –el mico recordaba perfectamente la indicación que le hizo Romano Crack en su llamada telefónica.

-¡Ah, sí! Esa es la cabeza de la gran medusa. A mí me contaron que Neptuno, un dios de los mares, se enamoró de la belleza de la medusa. Entonces Minerva, que era otra diosa que le gustaba mucho Neptuno, se enfadó y convirtió sus cabellos en serpientes. ¿Los ves?

-Sí, los veo. –respondió David. ¿Y esos patos?

-¿Te cuento un secreto, David? Pero en voz baja ¡vale! Luego tú se lo cuentas al Cocó.

El pequeño David, acercando uno de sus dedos a sus labios cerrados, quería ser cómplice de ese secreto.

-Fíjate bien en las cabezas de los patos, David. Quien o quienes lo hicieron se han equivocado –le susurró Río Verde Ninja. Todos los patos miran cada uno hacia un lado distinto, menos uno. ¿Lo ves? Ese mira para el mismo lado que el de su izquierda. Y todavía no sabemos por qué.

-¡Cocó, Cocó!, me han contado un secreto ….pero no te lo puedo decir ahora ¡vale! –David se dirigió en voz baja a su yayo, haciendo el mismo gesto de acercarse el dedo índice a sus labios. ¿Vamos a ver a más Skylanders

-Por supuesto, pequeño. Cojamos de nuevo las bicicletas y vamos a Marbella, a la ciudad vieja.

El gentío se apoderaba de las estrechas y coquetas calles del casco antiguo de la ciudad. Les resultó muy difícil encontrar un lugar apropiado para dejar sus bicicletas y recorrer, ya a pie, el pequeño laberinto allí formado. Musulm-an, otro Skylander, les guió por la parte más visible del antiguo castillo. Les explicó como, hace ya muchos años, la ciudad se encontraba totalmente amurallada y dentro de ella vivían quienes gobernaban, y los militares que la custodiaban.

Más adelante, otros Skylanders llamados Castella-nos, y que estaban a las órdenes de unos reyes que les decían Los Católicos, se pusieron en guerra con los Musulm-anes arrebatándoles sus casas que se encontraban rodeando el castillo.

Llegaron a una gran plaza, la más importante, la más bella y, quizás, la más degradada de la ciudad. El Skylander Castella-nos les enseñó las bonitas casas allí construidas: la Casa del Corregidor, con su fachada de piedra y sus escudos heráldicos; el Ayuntamiento y lo que fue La Cárcel. Una pequeña pero muy bonita capilla, la de Santiago, adorna la plaza en una de sus esquinas.

El pequeño mico, después de una intensa jornada, se encontraba cansado. Castella-nos les indicó la hora a través de un curioso reloj solar, parcialmente tapado por una maldita sombrilla. Parece ser que los Skylanders modernos, no mantienen el total interés sobre lo que allí ocurrió.

A la vista de la tardía hora el Cocó recordó que para ese mismo día había recibido una invitación; en lo que era una cita en firme. Raudos, retomaron sus bicicletas para llegar hasta casa.

-Cocó, ¿mañana seguimos buscando más Skylanders? –inquirió el mico, al que parecía habérsele pasado el cansancio.

-Por supuesto que sí. No lo dudes. Esta ciudad merece más de un paseo, y no solo por los turistas que nos visitan sino, también, por aquellos que aquí vivimos y disfrutamos de ella. Nosotros, al fin y al cabo, somos los turistas privilegiados; aunque muchas veces no lo practiquemos como tú y yo hemos hecho hoy.

Ya de vuelta en casa y después de asearse y vestirse para la ocasión, encaminó de nuevo sus pasos hacia el epicentro de la ciudad: la Plaza de los Naranjos. Ese era el punto de la cita de lo que, como gran acontecimiento, se le había anunciado.

En esa hora ya nocturna, y recordando la jornada con su nieto, un gran número de modernos Skylanders había tomado, como si de una manifestación se tratase, el recinto de la plaza. Vestidos con indumentarias de todo tipo, en muchos de los casos hasta chabacanas, todos se arremolinaban buscando un sitio para disfrutar de la velada.

A la hora acordada, se encontró y saludó a un buen amigo que era quien le había hecho llegar la invitación. Le acompañaban unos importantes empresarios turísticos que, recién llegados a Marbella, querían conocer los atractivos de la misma: su historia, su gente, sus costumbres y su potencial desarrollo como ciudad sostenible.

La idea me pareció estupenda y, aún así, decliné cortesmente la invitación para cenar. El introductor, mi amigo, y los invitados habían reservado mesa para cenar al lado del Rey. Les parecía algo peculiar, por no decir curioso. Cenar en la Plaza de los Naranjos, a cubierto por unos toldos de un relativo relente, arrinconados por más mesas y sillas y ….. al lado de la estatua del Rey. ¡No, gracias! Marbella es más que eso. Ya estoy convencido que algunos Skylanders locales son los que sobran pero, esto último, procuraré no contárselo a mi mico.

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