
Por José Manuel Beltrán
Las películas interpretadas por Bruce Lee, recordadas por algunos, tenían un único punto de conexión cuando se desarrollaba la totalidad del guión: la violencia. Defensor de causas perdidas, infatigable perseguidor de las mafias chinas el ágil artista nos deleitaba con multitud de piruetas, en muchos casos tan inverosímiles como falsas. Pero su popularidad se agrandó, curiosamente, gracias a esa violencia. Es triste así pensarlo, pero todo este tipo de comportamientos tienen una gran aceptación entre el público, en general.
China es una inmensa nación con una población superior a 1.330 millones de habitantes. Cuando en cualquier otro país del mundo salen a la luz cifras de cualquier tipo de dato quedarán infravaloradas si las queremos trasladar a la República Popular. Y así ha ocurrido, esta vez en China, cuando 30.000 trabajadores se han opuesto a la compra de su empresa, más en concreto una planta siderúrgica ubicada en el noroeste del país.
Comentan las agencias extranjeras (AFP), pues las locales se hayan sujetas al yugo del poder sin que Bruce Lee pueda ya intervenir, que la policía mantuvo fuertes enfrentamientos con los trabajadores y que, consecuencia de ello, se produjo un muerto y cientos de heridos. El fallecido era el Director General de la empresa Thonghua Iron Steel que, tras aplicar ya un E.R.E. o similar, vendía la empresa a un importante grupo radicado en Pekín. Queriendo demostrar su fortaleza, así como la sumisión de los súbditos trabajadores, ordenó a los trabajadores que retomaran su puesto de trabajo. Estos le reprochaban, entre otras cosas, que el salario que perciben los trabajadores jubilados no llegaba siquiera a los 200 yuanes ( 29 dólares ) mientras que él disfrutaba de un salario anual de 3 millones de yuanes ( 438.000 dólares). Los empleados golpearon hasta la saciedad al directivo, impidiendo incluso la llegada de una ambulancia, con lo que el resultado fatal resultó ser su muerte.
Escenas de gran violencia se han desatado también en nuestro país con ocasión de conflictos laborales, curiosamente también en el sector siderúrgico así como en el naval y la minería. Sin que sea yo defensor de ningún tipo de violencia, a medidas tan extremas se llega cuando la situación se vuelve del mismo grado. Son momentos muy difíciles y complicados los que estamos viviendo y, lamentablemente a pesar que poco me gustan los augurios, me temo que irán a peor el año que viene.
El denominado diálogo social, ha concluido en lo que parece la primera fase antes de las vacaciones, en un tremendo fracaso. Pero, lo curioso, es que se toman vacaciones a pesar de haber suspendido la asignatura y, en vez de seguir durante el verano machacando la materia, se premian ellos mismos con un relax –con salario incluido, claro- para desentumecer músculos que ¡más les vale! desentumecieran la materia gris.
Yo no quisiera que la venganza china apareciese por este país. Yo no quiero, porque además es imposible, que el Sr. Lee resucitara para dar cumplida y, en este caso, justa venganza a situaciones que ya se están convirtiendo en tragedia en muchos hogares. Estamos inmersos en una batalla sin cuartel, dónde el puesto de trabajo es el mayor tesoro que poseemos. La familia lo sufre, cuando ésta debe ser el primer tesoro. Ante tal panorama la remuneración del trabajo, y el propio trabajo, se convierte en ilegal marcando todavía más diferencias a la baja.
Y mientras el Sr. Ferrán, quién da vida a este país pues eso hacen las empresas, va quitando el alma a los trabajadores, a los sindicatos y al propio Gobierno, sin que ninguno de ellos quede exento de su responsabilidad. Pero eso sí, en vez de ejercer vocacional e interesadamente esa responsabilidad confunden la vocación con la vacación. Y es entonces cuando me dan ganas de apelar a la “venganza china”.
China es una inmensa nación con una población superior a 1.330 millones de habitantes. Cuando en cualquier otro país del mundo salen a la luz cifras de cualquier tipo de dato quedarán infravaloradas si las queremos trasladar a la República Popular. Y así ha ocurrido, esta vez en China, cuando 30.000 trabajadores se han opuesto a la compra de su empresa, más en concreto una planta siderúrgica ubicada en el noroeste del país.
Comentan las agencias extranjeras (AFP), pues las locales se hayan sujetas al yugo del poder sin que Bruce Lee pueda ya intervenir, que la policía mantuvo fuertes enfrentamientos con los trabajadores y que, consecuencia de ello, se produjo un muerto y cientos de heridos. El fallecido era el Director General de la empresa Thonghua Iron Steel que, tras aplicar ya un E.R.E. o similar, vendía la empresa a un importante grupo radicado en Pekín. Queriendo demostrar su fortaleza, así como la sumisión de los súbditos trabajadores, ordenó a los trabajadores que retomaran su puesto de trabajo. Estos le reprochaban, entre otras cosas, que el salario que perciben los trabajadores jubilados no llegaba siquiera a los 200 yuanes ( 29 dólares ) mientras que él disfrutaba de un salario anual de 3 millones de yuanes ( 438.000 dólares). Los empleados golpearon hasta la saciedad al directivo, impidiendo incluso la llegada de una ambulancia, con lo que el resultado fatal resultó ser su muerte.
Escenas de gran violencia se han desatado también en nuestro país con ocasión de conflictos laborales, curiosamente también en el sector siderúrgico así como en el naval y la minería. Sin que sea yo defensor de ningún tipo de violencia, a medidas tan extremas se llega cuando la situación se vuelve del mismo grado. Son momentos muy difíciles y complicados los que estamos viviendo y, lamentablemente a pesar que poco me gustan los augurios, me temo que irán a peor el año que viene.
El denominado diálogo social, ha concluido en lo que parece la primera fase antes de las vacaciones, en un tremendo fracaso. Pero, lo curioso, es que se toman vacaciones a pesar de haber suspendido la asignatura y, en vez de seguir durante el verano machacando la materia, se premian ellos mismos con un relax –con salario incluido, claro- para desentumecer músculos que ¡más les vale! desentumecieran la materia gris.
Yo no quisiera que la venganza china apareciese por este país. Yo no quiero, porque además es imposible, que el Sr. Lee resucitara para dar cumplida y, en este caso, justa venganza a situaciones que ya se están convirtiendo en tragedia en muchos hogares. Estamos inmersos en una batalla sin cuartel, dónde el puesto de trabajo es el mayor tesoro que poseemos. La familia lo sufre, cuando ésta debe ser el primer tesoro. Ante tal panorama la remuneración del trabajo, y el propio trabajo, se convierte en ilegal marcando todavía más diferencias a la baja.
Y mientras el Sr. Ferrán, quién da vida a este país pues eso hacen las empresas, va quitando el alma a los trabajadores, a los sindicatos y al propio Gobierno, sin que ninguno de ellos quede exento de su responsabilidad. Pero eso sí, en vez de ejercer vocacional e interesadamente esa responsabilidad confunden la vocación con la vacación. Y es entonces cuando me dan ganas de apelar a la “venganza china”.
Salud, ciudadanos.