por José Manuel Beltrán
La entrada de hoy tiene una connotación estrictamente personal. ¡Al fin y al cabo, este es mi blog, qué caray!. Al igual que otra articulista "bloguera", manifiesto la innecesariedad de efectuar comentarios al mismo pues nada de interesante puede tener, salvo, para quién yo sé que sí le interesa.
Hoy, el mismo día que estas letras se publican, conmemoro el "quincuagésimo quinto" aniversario de nacimiento de mi amiga, compañera, confidente, atalaya y pedestal, sufridora (por mi culpa), madre de nuestros hijos, amada y esposa; sin que yo tenga ningún mérito para merecerlo. Ella es, Nuria, mi todo.
Son muchos los momentos mágicos que he disfrutado con ella. Allá por el 72, dos miradas se cruzaron en el "hall" de la filial de un instituto madrileño, a la sazón el Ramiro de Maeztu, cuando intentábamos efectuar nuestra inscripción para realizar el C.O.U. en horario nocturno. Ambos, de familias muy modestas, y aún siendo muy jóvenes teníamos un puesto de trabajo. No podíamos permitirnos el "lujo" de estudiar en horario diurno. Siempre recordaré esto como un gran bagaje; una gran responsabilidad que asumimos y que nos endureció profundamente para abordar cualquier otro tipo de problemática. Sí, trabajabamos y estudiábamos. Nuestras clases terminaban a las 11 de la noche ¡y qué!. ¡Tan sólo por ese motivo nos íbamos a rendir!.
Recuerdo ¡y de qué manera! nuestra bolsa de pipas; nuestros paseos por la Casa de Campo; y mi mala destreza con las barcas del Lago -siempre me he mareado, incluso allí-; nuestras manos juntas entrecuzando los dedos de la misma forma que, al pasear, lo hacemos ahora. Recuerdo, con que sentimiento profundo bailabamos nuestra canción favorita: "Michelle" de Beatles, no podría ser otra. Recuerdo, ¡cómo no!, mi declaración de amor. No fuí muy original, pero con un resultado perfecto, pues me aceptó. Elegí, el estreno de "Experencias prematrimoniales" con Ornelia Muti en la pantalla del cine Callao (los madrileños, sabrán reconocerlo pues todavía existe). Era, un 20 de diciembre. Al final de la película, le enseñé dos anillos grabados con esa fecha (uno para ella y otro para mí). Son los anillos de nuestro compromiso. Son los mismos con los que nos casamos (no quisimos unos nuevos, pues pensabamos que esos eran los realmente válidos); son los mismos que ella sigue llevando. Yo, lamentablemente, lo perdí en una piscina, aún cuando ha sido sustituido.
Hemos disfrutado y sufrido con cada uno de nuestros tres hijos. Continuamos haciéndolo, porque de tener hijos uno nunca se cura. Es la "enfermedad" más maravillosa, pero larga, que conozco. Son nuestra semilla. Son, en algún momento, algo cabezotas como su padre pero con un corazón enorme como su madre. Y, uno de ellos por añadidura, nos ha dado la inmensa alegría de regalarnos un ángel. Ése en nuestro nieto, Angel, de ahora tan sólo dos años.
Muchos años de convivencia en los que también, por supuesto, ha habido "tiras y aflojas". En los que, un servidor, ha trabajado la imbecilidad en grado sumo. Su respuesta: la defensa de la familia; la comprensión -a veces, difícilmente comprensible-; la paciencia; la insistencia, pues nunca se da por rendida; en resumen, el amor.
Hoy, cumples 55. Sabes que nunca me han interesado las edades, pues para mí es más importante la persona y su espíritu. Hoy, te declaro de nuevo mi amor. Aprovecho este día, pero que sepas que mañana y el mañana de mañana será exactamente igual. Antes te dije, eres mi atalaya y mi pedestal. ¡Gracias!, por dejarme compartir contigo TODO. ¡Gracias!, anticipadas por lo que nos queda por compartir.
Hoy, tu marido José Manuel, proclama bien alto: ¡ TE QUIERO, NURIA ! ¡ FELICIDADES !.